Vista Medina
Titulo
Villa histórica, monumental, escultórica y paisajística
Villa de las Ferias

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XI - MEDINA EN LA MISERIA

107. - Razón de su caída.- 108. - Frustrado tentepié.- 109. - Despoblación y ruinas.- 110. - Baldíos, censos y ejecuciones.- 111. - Hospital magnífico y enfermos sin albergue.- 112. - Pleitos y menudos de carneros.- 113. - Tragedia y sainete.- 114. - Esperanza y desconsuelo.- 115. - Repoblación malograda.- 116. - Veintiún pueblos perecen en el neufragio de Medina.- 117. - Servicios póstumos.-

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107. - Razón de su caída

El comercio a quien vuelve la espalda la clientela, por opulento que sea y por muchas reservas que haya atesorado, pronto o tarde desaparece. Medina fue ese comercio a quien la clientela volvió la espalda. Ya queda anunciada en el capítulo IX núm. 96 la causa de este hecho, fatal para Medina. Los citados señores Espejo y Paz añaden este nuevo razonamiento, página 293: "Sucedió también que teniendo el mismo Rey necesidad de proveer de dinero a la gente de guerra que mantenía en Flandes, Italia y Francia, hizo un asiento con ciertos hombres de negocios que le socorrieron en este aprieto, a condición de pagar en la feria de mayo de 1574, registrando la partida en los libros de Cambio. Como los asentistas expedían libranzas contra negociantes cuyo dinero ponían a disposición del Rey, y como además el cambio no tenía obligación de contarlo hasta el último día de los pagos, estipularon que se pudiese prorrogar por todo el tiempo necesario, mediante el interés de uno por ciento mensual. Felipe II, hallándose escaso de recursos, se aprovechó de la cláusula de este contrato, y dilató los pagos por espacio de año y medio, es decir, hasta la feria de octubre de 1575. Así se hicieron inciertos los plazos y vencimientos y se suspendió la contratación de mercaderías, porque en vez de cobrar los mercaderes lo que vendían al fiado a uno o dos meses, quedan dieciocho al descubierto. Entra tanto, los deudores negociaban con el dinero de los acreedores y lograban ganancias que en realidad no eran suyas. Faltó por culpa del Gobierno el antiguo crédito que era el alma de toda contratación de Medina del Campo y el comercio volvió la espalda a la villa".

Habría, pues, desaparecido totalmente Medina si no hubiera tenido otras riquezas, pero al desaparecer la principal, quedó con la menguada correspondiente a cualquier pueblo de la estepa castellana, sin la ventaja del hábito de la parsimonia y obligada a mantener el antiguo rango, ahora imposible. cuando dejaron de circular por nuestras calles las caravanas de flamencos, genoveses, milaneses, franceses, ingleses... y desertaron también los mercaderes de Portugal, de Sevilla, de Cuenca... vieron claramente los regidores de Medina que habían sido profetas de su triste destino, cuando representaron a Felipe II la ruina que se seguiría de la supresión de la franqueza en las ferias, porque la prosperidad venida con los feriantes, con ellos se marcharía para no volver.

Esto, que pudo ser antes amarga pesadilla, se convirtió en dolorosa certidumbre después del decreto de 29 de noviembre de 1596, equivalente a nueva suspensión de pagos, que puso en dispersión al mermado número de feriantes, ocasionándoles pérdidas cuantiosas. A este decreto aludió Simón Ruiz cuando en su codicilo, otorgado el 26 de febrero de 1597, modificó su testamento en estos términos: " ...mandó que todo lo que se hiciere de aquí adelante en el dicho hospital, sea a parecer de Dª Mariana, mi mujer y del P. Fray Antonio de Sosa, a los cualespido y encargo mucho que, con parecer de buenos oficios, procuren se excusen costas y gastos y obras no necesarias, pues Dios ha sido servido que el decreto me haya moderado el ánimo y hacienda para hacer cosas que se puedan excusar..." Si la hacienda del opulento y piadoso banquero quedó moderada, la de otros muchos y en general la de la villa quedó del todo malparada.

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108. - Frustrado tentepié

Un tenteenpié quiso poner al Rey Felipe III el vertiginoso derrumbamiento de Medina trasladando a ella, en 24 de enero de 1601, desde Valladolid, a donde había instaladola Corte, la real Audiencia de Chancillería y el Consejo de la Inquisición, cuando las ferias emigraron a Burgos en busca de clima adecuado a su anémico estado. Aquel tribunal quedó instalado en el Palacio de Dueñas, y éste en el de Juan Pascual, frontero a San Facundo; y no tuvo Medina la satisfacción de ser grata residencia para los curiales, que no cesaron de elevar quejas de la poca salud que aquí había, de la gran descomodidad de aposentos y de la falta de víveres, por más que lo intentara con la mejor voluntad y, para logro, realizara importantes sacrificios. Burgos, Palencia, Toro, Zamora habían solicitado del Rey la merced de que se trasladara a ellas la Chancillería, estableciéndose una especie de pugilato de ofrecimiento, de los que prevalida la población curial, apremiaba a nuestro Regimiento para hacer efectivas aquí las ventajas que allí eran pura oferta. Ya el 10 de febrero del mismo año, por diez abas blancas contra ocho negras, acordaron nuestros regidores dar aposento gratuito a oidores, alcaldes, fiscales, alguacil mayor y juez mayor, proveyéndoles además de sendas carretadas de leña. Los oficiales de segunda y tercera categoría, que no fueron favorecidos con semejantes gabelas, pusieron el grito en el cielo por los alquileres, muy elevados a su juicio, pero no a los propietarios, abrumados de censos y enfiteusis. Una comisión mixta de regidores y oidores trató en vano de conciliar tan opuestos criterios.

En 3 de agosto se les reconocía por otra parte el privilegio de tener en las Carnicerías una tabla de vaca y otra de carnero, exentas de alcabalas y sisas, amen del obsequio sabatino a la plana mayor, así de la Chancillería como de la Inquisición, consistente en el menudo de un carnero a cada uno de tan respetables señores. También elevó considerablemente la villa el presupuestopara fiestas y regocijos, a fin de hacerles grata la estancia, llegando los regidores a desposeerse de los balcones en que tan ufanos los presenciaban, en gracia de oidores, fiscales e inquisidores. Estos y otros sacrificios, como un proyectado plan de mejoras urbanas, no sirvieron para connaturalizar a la nueva vecindad, que seguía considerándose extraña, y en cambio agravaron la economía municipal. Por esto representó al Rey, en diciembre de 1603 que la traída de la Chancillería había sido para hacerla merced y remediarla en el angustioso estado en que se hallaba, y todo esto cesaba con las inmoderadas pretensiones de curiales e inquisidores. Como al mismo tiempo llegaban al Consejo Real quejas en opuesto sentido de la Chancillería, y Burgos, donde las ferias no habían convalecido, continuaba gestionando llevándosela para sí, una carta acordada del Consejo de S. M. resolvió el 12 de octubre de 1604 trasladar a la capital de Castilla la Chancillería y restituirnos las ferias, ya deshauciadas. Un sino fatal perseguía a Medina.

Esto ocasionó a Medina un nuevo quebranto, pues para instalar convenientemente a los numerosos curiales de tan altos tribunales, muchos propietarios de casas repararon sus posesiones, y para ello tomaron censos sobre sus haciendas, entendiendo que tal situación había de ser por muchos años "y como el aprovechamiento les duró tan poco, hoy les duela la cabeza..., y las casas están cerradas y caídas y las viñas perdidas por no tener con qué labrarlas. Saliendo de aquí la real Audiencia quedó este pueblo del todo acabado, porque sin ella y sin contratación, que es lo que siempre la tuvo en pie, considere el discreto cuál puede ser esta república...". Ossorio, pág. 320.

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109. - Despoblación y ruinas

"Las Rentas Reales han perdido desde dieciocho cuentos (millores) que pagaba en 1575, a cuatro cuentos que al presente (1614 apenas puede pagar... El corregimiento (cargo de corregidor) solía ser de los más solicitados de los del Reino, atento las grandes ejecuciones que en los pagos se trataban, y es cosa notoria que cada año valía a los corregidores de cuatro a cinco mil ducados, y como al presente se ha sabido el menoscabo y poco provechoso, no hay caballero que lo pida...". Id. página 329.

"Para más prueba de lo dicho y de la mucha gente que falta de este pueblo de treinta años a esta parte, es cosa cierta que en este tiempo en dos cofradías de disciplina que hay en ella, en la de Santa Cruz salían 700 disciplinantes, y en la de Nuestra Señora de las Angustias salían 500, sin mucho número de cofrades sin luz, que iban en la una y en la otra; pues este presente año de 615, salieron en cada una 200 penitentes, bastaste prueba de pocos vecinos..."

"En esta villa hay 24 escribanos de número, y todos quisieran ganar de comer y no pueden por la falta de gente y de negocios, y entre ellos, como gente cuerda y discreta, se han conformado para reunir la mitad de los oficios, y para ello han enviado a suplicar a V. M. con un memorial de razones muy suficientes, de que se conviene hacer la refundición de los oficios..."

"En la cofradía de San José, que es de los carpinteros, en los tiempos de atrás había muchas obras de templos y de particulares, por la superabundancia de gente y riquezas; había en la dicha cofradía pasados de 50 maestros, todos famosos, y al presente no hay 20 maestros ni cofrades, por haberse ido a otras partes a morar, por no tener que hacer, y los pocos que han quedado más se ocupan de deshacer casas y edificios que en hacerlos de nuevo".

"La renta del tajón de la carne valía en aquel tiempo un cuento y 600.000 maravedises, y los sábados en el rastro se solían gastar trescientos y más carneros, y no se gastan hoy cincuenta... Había muchos y curiosos sastres, que tenían 12 y 16 y más mancebos que trabajaban todo el año en sus obradores; pues lo que ahora pasa no lo quiero poner por no dar pesadumbre...". Id. pág. 325.

"Ver al presente tantos barrios y calles del todo deshechos, sin haber en ellos una sola casa, ver en las calles más principales las casas cerradas, que si el Ayuntamiento de ella no lo hubiera remediado, porque viene los propietarios que no tenían provechos de ellas por falta de no haber gente que las ocupe, dejábanlas a los señores de los censos, y ellos por aprovecharse de algo, vendían los despojos... (1). Cerradas y deshechas faltan en Medina al `pie de dos mil quinientas casas...". Id. pág. 171 y 172.

Del todo coincidente en el testimonio del autor del Memorial Histórico que escribía por el año 1634: "Cada día se van conociendo nuevas y excesivas pérdidas, cayéndose las casas de veinte en veinte, por barrios y calles enteras, en tanto grado, que son pocas las que se pueden pasar sin pelibro, y muchas las que se pudieran dar de balde porque haya quien los habite" Página 416.

El citado año de 1634 hubo de ser suprimida la parroquia de Santa Cruz y por aquel entonces las catorce que existían quedaron reducidas, y con exigua feligresía a estas nueve: San Antolín, San Facundo, San Martín, Santa María del Castillo, Santiago, San Miguel, Santo Tomás, la Antigua y San Juan de Sardón.

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110. - Baldíos, censos y ejecuciones

Las citadas lamentaciones de los cronistas locales no nacían del apasionado cariño a la villa natal, queriéndola remediada de sus males; eran testimonio de una amarga realidad. Optó por trasladar aquí, de los libros consistoriales, algunas auténticas referencias. En 28 de junio de 1608, informando los comisarios sobre una cédula del Consejo de Hacienda en que se pedía relación de tierras blandías, dijeron "En el término de la villa y lugares de su tierra hay mucha cantidad de tierras de pan llevar que se labraran y en que se cogía trigo, cebada y otras semillas, que den presente no se labran ni se siembran, por la mucha falta de gente que hay, en particular de labradores, y de caudal... por estar en general muy pobres y necesitados..., por estar gastadas e censuadas sus haciendas, procedido, ansí del excesivo gasto de la labranza, como por las muchas cargas que han de pagar de alcabalas, servicios, millones e otros muchos repartimientos que cada día les recrecen...(2). La mayor parte que quedan de huelga son de monasterios y caballeros que no tratan ni entienden de labranzas, o de gentes pobres o menores que no pueden o no tienen caudal... Para que loslabradores se animen a labrar e haya otros de nuevo, parece sería remedio muy eficaz que a los labradores que por sus personas entendieren de labranza, no se les ponga tasa en el parque vendieron de lo que cogieren de las tierras que ansí labran, no se entendiendo esto con lo señores que tuvieren rentas, porque solo los labradores han de gozar desta facultad. Que se dé orden para que labren con bueyes, porque de la labranza de las mulas se recrescen algunos inconvenientes...; por coger cebada, labran los mejores tierras en que la siembran, y con esto dejan de sembrar trigo; e para los bueyes no es cenesario esto, sino que las mismas tierras que se han acabado de coger de pan, pueden sembrar de garrobas, sin recibir daño..."

Con acento más lastimero hablaban los regidores en el Ayuntamiento del 20 de abril de 1610: "En todo va en ruina y deminución, porque está en estado que para muy poca cantidad que es necesaria para reparo de cualquier obra pública, no hay de qué, y se deja perder, y en especial las fuentes y fuentes, calzadas y empedrados, y de presente la fuente de agua que está en la Plaza Mayor donde se provee toda la villa... que ha menester poca cantidad para su reparo, y por no haberlo no corre ni hay servicio dello. Hay un juez ejecutor questá en esta villa a cobrar 46.000 maravedises de réditos de un censo, demás de que ha hecho de salarios y costas más cantidad que el principal monta, ha cerado las carnicerías y matadero, como bienes desta villa, e impedido que se mate e pese carne para el abasto della; y por otro juez, que también está ejecutando por los réditos de otro censo, ha notificado la venta y remate de cien cargas de trigo e dieciocho reales la carga, solo para hacer pago de sus costas y salarios, quedando en pie el débito de lo principal e rédito..."

En 20 de marzo de 1611 razonaban los regidores, para no tomar el encabezamiento que les proponía el Consejo de Hacienda, de esta manera: "Esta villa para mostar su grande ánimo, quisiera fuese considerable el poder al peso de la voluntad; pero que respecto de la gran deminución en que está de un año a esta parte, fuera de la expulsión de 102 casas de moriscos, faltan otras muchas de cristianos viejos... de manera que hoy no tiene 800 vecinos arriba..., y si se tomaser el dicho encabezamiento, sería causa para que los pocos vecinos que han quedado se fueran desta villa por la gran ruina..."

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111. - Hospital magnífico y enfermos sin albergue

En 28 de abril de 1617 los comisarios del Hospital se lamentan de su impotencia para acelerar la terminación del mismo, y consignan estas palabras aleccionadoras: "Lo que pasa es que, mandando el testador (Simón Ruiz) que el edificio fuese como la traza , y aun el codecilo sinificó deseaba de moderase, no lo han hecho, antes se han excedido della en gran cantidad de dinero, siendo así que por la corta vecindad que ha quedado, aún mucho menos era menester, de suerte que se ha gastado en cal y ladrillo lo que habían de comer y con que se habían de curar los pobres y lo que desto ha resultado, que ha padecido tanto que cada día amanecían muertos por las calles, y han muerto con tanta compasión desta villa, que lástima y sin remedio, porque las rentas de otro hospital son muy tenues...", y añadieron que estas palabras sorprendentes por lo paradójicas: "El patrón es caballero muy calificado y rico, y el administrador sacerdote de buen ejemplo con muy buenas rentas..." . El lector juzgará hasta donde puede ser conciliable la cacareada caballerosidad y ejemplaridad con la muerte e la intemperie de los pobres enfermos.

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112. - Pleitos y menudos de carneros

Descripción expresiva de una de las fases más críticas por que atravesó Medina en su derrumbamiento, acelerado y agravado por la pleitomanía de aquellos tiempos, la tenemos en la sesión del 10 de julio de 1627. Para ahorrarnos los circunloquios del escribano de tanda, procuraré sintetizar.

Simón Ruiz Envito
Simón Ruiz Envito

Había que aportar dinero para los siguientes pleitos pendientes e la Chancillería: el promovido contra los vecinos de Nava del Rey y La Seca por haber hecho roturas abusivas, aquellos en los montes Palancar y Valdemuelles, y éstos en el Inestoso, los tres propios de Medina. Otro semejante, pero más trascendente, contra l,os concejos y vecinos de las mismas villas, que habían talado, contra pragmática de S. M. los mismos montes "arrancando de cuajo mucha cantidad de encinas". Otro contra el concejo de vecinos de Nava del Rey sobre si habían de pagar media carga de trigo de renta por obrada de tierras sernas, que era lo establecido y acostumbrado, y solamente una fanega, que era la renta vigente para las sernas del otro lado del Zapardiel. Entretanto apremiaban otras atenciones como la de habilitar provisionalmente los puentes de San Francisco y San Llorente (Aguacaballos), arrastrados por la crecida del año anterior, y la de pagar el salario diario de 1.200 maravedises que devengaba un juez ejecutor enviado por los herederos del Sr. Villarroel, procurador que fue de la villa en los R. Consejos para hacer efectivos los honorarios acreditados por dicho señor, y que sin embargo no podía ejecutar por impedirlo el supremo pleito de acreedores, también pendiente desde 1611, por cuya razón soportaba Medina un administrador de sus propios y rentas, que apenas le dejaba unas migajas para las atenciones que creían más ineludibles. En tan grande apretura buscaban dineros prestados, más no había prestamista sin prenda, y, al fin, empeñando "los cuatro reposteros de damasco carmesí que están colgados en la sala del Ayuntamiento, con las armas de la villa -- ya habían empeñado la plata de la capilla consistorial y otras tapicerías-- obtuvieron el préstamo de dos mil reales, que fueron y balón de oxígeno aplicado a la semiagonizante economía municipal". Efectivamente, no tardó en sobrevenir un nuevo colapso. El 3 de agosto, el regidor-comisario de pleitos de Valladolid, D. Rodrigo de Rivera y Quiroga, trajo las mejores impresiones del estado de los mismos que están "para pasar al receptor que está haciendo las probabanzas", para lo cual se precisaban dos mil ducados. Y "habiendo considerado (dijo el corregidor) que la villa está tan apurada que es imposible socorrer esta necesidad, se habían puesto los ojos que por este año se vendan los menudos de los carneros --obsequio semanal del obligado de las carnicerías al abad, corregidor y regidores-- que hay quien ofrece quinientos ducados por ellos". No les sentó bien a los regidores la desinteresada propuesta del corregidor; insinuaron más bien que el mayorazgo de Simón Ruiz, principal acreedor, a quien se le debían 80.000 reales de la renta de un censo, era el más interesado en dar o prestar el todo o una parte, ofreciendo como garantía su crédito personal; pero "en cuando a que los menudos se vendan, no se trate dellos, que es preeminencia de los oficios de tanta antigüedad".

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113. - Tragedia y sainete

Así iba trampeando Medina por la empinada cuesta arriba de la primera mitad del siglo XVII, cuando llegó el año 1629, uno de los más calamitosos. Con estas palabras refiere el correspondiente libro de difuntos de la Colegiata la catástrofe que llenó de consternación a los medinenses el día 13 de abril: "Sucedió que en el convento glorioso de San Agustín concurrió toda la noble y plebeyo desta villa y su tierra al sermón de la Soledad y entierro del Xpo Señor Nuestro, predicando el P. Fray Juan Deza, natural de Toro... Iba el primer tercio del sermón, y a este punto permitió Dios venirse abajo la fábrica de una bóveda entera que nuevamente se había hecho, así la albañería, labrillo y hierro, como andamios, vigas y tablones, causando la mayor ruina y miseria que se ha visto no oído en tiempo ninguno. Murieron luego ciento cincuenta personas, las más hechas pedazos; otras ahogadas del polvo y apreturas de la gente, y por mí y los señores prebendados se enterraron los cincuenta feligreses de la Colegial en la noche del viernes y sábado santo hasta las nueve de la noche, repartidos en tres acompañamientos y tres cruces... Y muchos de los que se quedaron heridos murieron después. Sucedió que una mujer de un herrador, que se llamaba Ana de la Peña, viendo venir sobre sí un tablón, bajó la cabeza y cayendo de esquina sobre su cuello, se la segó de cercén, dividiéndole de los hombros, y su marido llevó la cabeza en un paño negro a su casa... Y de este modo hubo muchos. Los heridos fueron mas de ciento cincuenta, unos destrozados los brazos, otros los pies, otros abiertas la cabezas, otros quebradas las piernas, otros sin manos, dando gritos y alaridos, sin poderse socorrer por temor del peligro porque la bóveda cayó en tres veces... Lo que se perdió, así de joyas como arrancadas, gargantillas de perlas, agnusdei, sortijas de oro y plata, chapines con viras y sin ellas, mantos, ferreruelos, chinelas y otras cosas, monta mucho. Lo más que restituyeron fueron rosarios. Yo fui depositario y sé cuán poco se restituyó..." (3).

Todavía sobrecoge el ánimo la lectura de las desconcertadas palabras del lauto consistorial del 28 del mismo mes (primer ayuntamiento celebrado después de la catástrofe): "Entró el P. Presidente de los Descalzos a decir que el convento ha de hacer honras por las personas difuntas; y se acordó lo mirará la villa con mejor comodidad sea del convento y avisará, y la villa se halla con más desconsuelo de la gran pérdida de tantas personas con que parece va loqueando esta república, acercándose a su fin fatal".

No estaban ciertamente para fiestas los medinenses, pero... Solo por imperativo de laHistoria, que ha de reflejar los hechos como fueron, estampo las líneas que siguen. El 15 del mes siguiente cuando tadavía vibrarían los ayes lastimeros de algunos heridos, "vióse petición de la cofradía de la Cruz `para correr los toros; sañalóse el miércoles que se pregone y que la villa vaya al balcón suyo". Había que levantar los ánimos por lo visto, pues el 26 del mismo mes, la cofradía de las Angustias, con candoroso eufemismo, pidió licencia "para correr los toros que por devoción de su fiesta tienen arcodado" Y todavía les quedó humor para celebrar el nacimiento de un príncipe con juego de calas de seis cuadrillas y corrida de seos toros, por más que los acreedores contradijeran en la Chancillería tales dispendios a costa de sus créditos. Es verdad que en aquel año y en los precedentes, desde la quiebra municipal, dejaron de correrse los toros que llamaban voto de villa (cuatro corridas), mas el hecho de haberse celebrado aquellas fiestas en año de tan honda tragedia sugiere consideracionespoco alagüeñas. No estaba solamente en crisis la economía; la bancarrota de la ética era también notoria.

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114. - Esperanza y desconsuelo

Una ventaja trajo, al fin, a Medina la horrenda catástrofe, que por su desventura se trocó en un quebranto más. Desde la consunción de las ferias venía Medina añorando un mercado franco, y el Rey Felipe IV creyó llegada la ocasión de concederle, por compasión y por recibir a cambio 5.000 ducados, pues el patrimonio nacional estaba entonces no menos empeñado y arruinado que la villa. Tordesillas y Peñafiel se encargaron de amargarnos la dulce esperanza de restauración. Creyendo que la merced concedida era un perjuicio de sus mercados, promovieron un pleito de larga y onerosa tramitación, cuya defensa por nuestra parte estuvo a cargo de D. Juan Antonio de Montalvo, autor del Memorial Histórico, que precisamente compuso para cohonestar con razones de abolengo y de pergaminos las pretensiones de Medina. Ardoroso empeño puso en la demanda, pero sin éxito alguno (4). Después de esquilmar la villa con sisas y más sisas para sacar 5.000 ducados y sostener el pleito, el mercado no tuvo realidad por entonces. La pérdida fue efectiva, la ganancia pura ilusión.

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115. - Repoblación malograda

No faltaron intentos de contener la depoblación creciente de la villa, llamando y trayendo nuevos habitantes. El primero de que ha hallado vestigios ocurrió en 1598. El Rey consideró huéspedes molestos a los extranjeros oriundos de Inglaterra, Francia y de los lugares rebeldes de Flandes, y los prohibió residir en cualquier punto que no distase 20 leguas y más de la costa o de Madrid. Medina quiso aprovechar tal coyuntura y alcanzó, en 6 de diciembre de 1597, una R. Cédula declarativa de estar fuera de los límites de la prohibición y de que los extranjeros que viniera a vivir a las mercaderías que trajesen o vendiesen en ella, habían de pagar "la mitad menos la alcabala que los demás vecinos della", por tiempo de ocho años. El Concejo cuidó de que esta R. C. se publicase por pregón en los puertos y otros lugares convenientes. pero el resultado debió ser nulo o, al menos, no apreciable.

Otro intento también frustrado, encontramos en 15 de septiembre de 1626. Este día se recibió carta del secretario del Rey participando que para reparar la despoblación se había servido "de mandar que vengan de los estados obedientes de Flandes algunos pobladores que entiendan de agricultura", a los que había de proporcionar habitación y tierras de las incultas, por un moderado censo perpetuo. La propuesta no podía ser más oportuna cuando la mitad de las casas estaban deshabitadas y medio término baldío, mas nuestro Concejo optó por que los nuevos pobladores no fueran agricultores sino "fabricadores de mercaderías" y en número mayor de las 40 familias propuestas. El 3 de marzo de 1627 se presentó en ésta el flamenco barón de Corondelet, quien traía carta de S. M. para concertar, a ojos vistas, la instalación de 20 telares de "diferentes obrajes, como perpetuanes, combafíes...", que darían trabajo a cien personas. No hubo reparo que oponer hasta que se llegó al capítulo de las finanzas. Se estimaron necesarios 14.000 ducados para la traída de pobladores, instalación de telares y provisión de sedas y lanas, y como el Ayuntamiento estaba empeñado en mucha mayor cantidad, todo terminó en empeñarse en cien ducados más, que se gastaron en agasajar a tan distinguido huésped e ilustres acompañantes.

Anotemos un hecho consignado con los tratos habidos: Ni en Medina ni en su Tierra había fábricas de géneros similares; "solo en la Nava se labran y fabrican paños bajos, cosa de mucha consideración y caudal, pero aquí solamente cuando estaba en su prestancia se labraba un género de Bruselas".

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116. - Veintiún pueblos perecen en el naufragio de Medina

La perdición no fue puramente local. En los últimos años del siglo XVI y en el transcurso del XVII desaparecieron del área circular de 20 Km. de radio alrededor de Medina, los siguientes pueblecitos, de relativa importancia porque tenían curato y parroquia: Pero Miguel, Serranos del Ernigal, Belvís, San Pedro de Vidales, Valverde, Villafuertes, Tovar, Miguel Sarracin, Fuentelapiedra, Tardelhombre, La Golosa (5), Pozuelos, Codorniz, Valdefuentes, Bayona, Herreros, Zofraga, Mollorido, Trabancos, San Juan de Vadillo y Santa Eufemia, quedando la población de los restantes muy disminuída. Fehaciente testimonio de este aserto tenemos en el expediente de reducción de cargas de la capellanía de Quintanilla, establecida en San Juan de Sardón, la cual cobraba muy saneadas rentas en varios pueblos de esta Tierra; pero a medida que avanzaba el siglo XVII, disminuían progresivamente, debido a la perdición de los pueblos, motivada por la langosta y otras causas; y en 1652 se declara que las rentas de Carpio habían quedado reducidas a la sexta parte, añadiendo textualmente: "Es notorio que la villa de Carpio era muy grande y poblada, y donde la capellanía tenía mucho aprovechamiento; hoy está en el estado que tiene muy poca vecindad y con gente pobre".

La caída, pues de Medina, arrastró a los suburbios, y la de éstos agravó la perdición de aquella, si bien es preciso reconocer que el empobrecimiento fue general en España, obedeciendo a causas muy complejasque no nos toca analizar, aunque sí declarar que las más comúnmente señaladas por los historiadores eran aquí viva y lastimosa realidad: los días de fiesta y regocijo llegaban, si no pasaban, a la tercera parte --ordinariamente se hacía y deshacía la plaza de toros cinco o más veces al año--; la jornada excesivamente corta, como veremos adelante; la instrucción, fuera de la puramente literaria, deficientísima (6); las manos inactivas, numerosísimas. La producción, por tanto, era muy escasa y baladí: todo lo de algunos valores era importado. Sentadas tales premisas, el empobrecimiento tenía que ser el que reflejan tan incontrastables testimonios.

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117. - Servicios póstumos

No obstante este estado de ruina a que se vio reducida Medina, prestó señalados servicios a la Patria en las últimas décadas del siglo XVI y durante el XVII, en el terreno de las armas. Indicaremos las más importantes.

En el año 1580 pusieron los medinenses a disposición de Felipe II para la campaña que terminó con la incorporación de Portugal, una campaña de 300 hombres que capitaneó su regidor y alcaide de la Mota, García de Montalvo. En 1588, a petición del mismo Rey, equipó otra campaña de 200 hombres a las órdenes de Luis de Peralta para tomar parte en la campaña de la Armada Invencible contra Inglaterra, y sabida es la malaventura que corrieron los participantes en aquella desastrosa empresa, no por mérito de los enemigos sino de las tempestades.

Los años desdichados de la sublevación de Cataluña, hacia el promedio del siglo XVII, y particularmente de la guerra de Secesión de Portugal, los pasó Medina en continuo sobresalto y en sangría ininterrumpida de hombres y caudales, habiendo tan pocos. La proximidad del enemigo portugués que rondaba por Alcañices y otros pueblos zamoranos, repercutía aquí con exigencias y demandas de lo que no había, y con alojamientos de tercios y milicias que esquilmaban y acrecentaban la pobreza.

En la guerra de Sucesión del siglo XVIII estuvo siempre Medina del lado de Felipe V, pero el 4 de julio de 1706, después que el ejército del Archiduque Carlos entró en Madrid, llegó un correo trayendo para la villa una carta del Marqués das Minas, intimándola a ejecutar los actos de proclamación del Archiduque como Rey de España... Con el embargo que es de suponer, estando ya Peñaranda ocupada por las tropas del pretendiente, y no sabiendo de qué lado caería definitivamente la fortuna, nuestros regidores encontraron palabras muy corteses e ingeniosas para contestar al Marqués sin comprometerse, prometiendo que cuando Valladolid les diera la norma, según el estilo guardado, harían de proclamación "ganado instantes al tiempo" Fue más propicia la suerte para los leales de Felipe V que no abanderaron Valladolid, y, alejado nuevamente de Madrid el Archiduque, salieron felizmente del aprieto, no volviendo a pasar por trances análogos hasta la guerra de la Independencia, los cuales ocuparán más adelante capítulo aparte.

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(1) - En la sesión del 8 de noviembre de 1623 dijo el corregidor: "La mayor parte de las casas desta villa, además de las cerradas, las que habitan, están muy mal reparadas y con mucho peligro de caerse, y amenazan ruina y ha comenzado a haberla, pues se vio pocos días que ha en la Plaza Mayor, pereciendo algunas personas con la ruina de cuatro casas, y por ser la mayor parte dellas de iglesias y conventos y de personas menesterosas no se halla medio por ser menester muchos reparos, más que puedan rentar los alquileres". A lo que añadieron los procuradores de la república: "Es de notoria la gran ruina de casas en esta villa por no habitarse, y resulta dello la deformidad y mal parecer de las calles y peligro de las casas vecinas y de las personas que han de andar por las calles, por las cuales temen de no pasar..."

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(2) - Cuadro tan desolador como el pintado en este párrafo tuvo, como es de suponer, causas y motivos que nos describieron al corregidor y regidores el 5 de agosto de 1598, con estas palabras, dichas con el desparpajo con que solían cuando se dirigían al Rey, alque daban respuesta sobre una pedida relación de cosecha: "Dijeron... "Que el daño a los labradores ha sido de la guerra de Granada, con la desorden de los soldados y capitanes, y con mucho que ellos gastaron y con lo que ofreció la villa y tierra para la dicha jornada en vestirles y darles camas y en ropas se gastó muchos ducados, y lo mesmo en la jornada de portugal y el año de ochenta y en los caros de mulas y bueyes se fueron a la dicha jornada de Portugal y de Aragón, que con estos gastos quedaron los dichos labradores desgastados y necesitados, y con el acrecentamiento de alcabalas... Para remedio de los cual y aumento de la agricultura nos parece convendría que ponga remedio en que los hombres de armas no anden alojados porque resulta gran daño de la agricultura, y la razón es que con sus caballos comen la cebada que los dichos labradores tienen para sus mulas, y las mulas con que labran se las echan de sus caballerizas y a ellos de sus aposentos, y con la asistencia de los dichos hombres de armas hacen en los dichos aposentos no pueden acudir a sus labranzas por no les dejar solos con sus mujeres e hijas, y ansí lo tiene por grandísimo daño... y así se suplica a S. M. lo remedie en la mejor forma y manera que fuere posible. Y también es de gran daño los agravios que reciben de los jueces de Mesta y otros muchos jueces que con ellos y sus ministros reciben los dichos labradores, porque les hacen muchas querellas con muchas demandas, y aunque los dichos labradores den sus descargos, les hacen pagar las condenaciones, y si apelan al Consejo real o Chancillería, es más lo que gastan que los que les mandan volver... Y también es mucho daño para los labradores el haberse casado muchos libertados descendientes de Antonia García, de Toro, y Enríquez de Salazar y otros de otras partes, con hijos e hijas de labradores, los más ricos y principales de los pueblos, los cuales pagaban mucha cantidad de pechos y alcabalas y otros repartimientos y ayudaban a tener soldados, y agora por razón de sus privilegios no pagan ni contribuyen... y pagan los más...".

La impresión que saca el lector desapasionado de los frecuentes memoriales que elevaban al Rey, es que consideraban a éste, y así debía ser, como el único positivamente interesado en aliviarles las careas queles imponían o causaban los jerarcas de segunda o tercera categoría. Por eso usaban de una santa libertad para poner el dedo en la llaga sin miramientos ni cortapisas.

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(3) - Montalvo ( que pudo ser testigo presencial) eleva el número de muertos a 280, más otros muchos que murieron de heridad. El tiempo, que propende a la exageración, fue agrandando la cifra, y en el albalá de Carlos II de 30 de junio de 1693, por el que se concedía el mercado franco del miércoles, leemos estas palabras: "Medina ha venido a gran disminución, principalmente desde que se subcedió el frangente de la ruina que padeció la iglesia de San Antolín... en que perecieron más de quinientas personas, y entre ellas familias enteras...".

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(4) - Trasladamos estas líneas de literatura oficial del Ayuntamiento de 10 de febrero de 1632: "Visto que en tan importante acudir a la defensa del (pleito) que está pendiente en el Real Consejo de S. M. y se litiga en razón de que se cumpla la merced que la majestad del Rey hizo en esta villa en el fracaso y desgraciaque subcedió en el convento de San Agustín, tan notorio en estos reinos, pleito en el que los vecinos tienen puestas sus esperanzas... que si saliese en favor sería la restauración desta villa, y visto que tiene hecho pleito de acreedores, y que sus vecinos en los temporales y faltas grandes de gente, que aun después que subcedió la dicha desgracia y que se concedió dicho mercado, han muerto en esta villa más de mil personas, y han faltado muchas casas principales..., y se han venido a necesidad tan grande que es imposible seguir dicho pleito..., y considerando que el conce de Peñaranda y la villa de Tordesillas son poderosos y tan interesados de que no se consiga la dicha merced..."

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(5) - Entre los papeles de Santiago he visto que en 1448 celebraron concejo los homes buenos de La Golosa, asistiendo: alcalde ordinario, alcalde de la Santa Hermandad, dos regidores, el procurador del común y quince vecinos cuyos nombres están consignados y asisten por sí por los ausentes.

Asimismo, en el auto consistorial del Ayuntamiento celebrado en esta villa el 19 de diciembre de 1598 se ve copia del concejo de Fuentelapiedra de ocho días antes al que asistieron siete vecinos. No son muchos, en verdad, pero acusa una población que, viviendo, por precisión, del terruño, habían de cultivarse con más intensidad y esmero que al presente.

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(6) - El 4 de abril de 1698 informa al Ayuntamiento el maestro-arquitecto Mateo Bracicorto y dice: "... era de sentir que porque el agua que manan las arcas no alcanza al conducto... se puede echar cantidad de piedras limpias que no embaracen dichos manantiales, y subirá el agua y alcanzará dicho conducto...". Ninguno de los regidores presentes, condecorados algunos con títulos rimbombantes, apreció el desatino de Bracicorto, no largo en entendederas, porque unánimemente acordaron: "Se ponga en ejecución".

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